sábado, 21 de junio de 2008

Puppeteer


-¡Niz!- gritó Yaren a la figura que se le acercaba lentamente con la espada en la mano. Aquella no era la Nizra que él conocía; sus ojos azules miraban sin ver, inexpresivos, mientras seguía acercándose. ¿Qué estaba ocurriendo?
-¡Niz, soy yo! ¿Qué estás haciendo?

Nada. No dio señales de haberle oído. Aquello parecía una pesadilla... Siempre habían luchado hombro con hombro, habían aceptado aquella misión suicida porque no les importaba morir si era estando juntos.
Tenían al nigromante acorralado hasta hacía unos minutos, parecía que podrían vencerle, pero de pronto Nizra, que se había adelantado corriendo para descargar el primer golpe, se había detenido en seco, había girado sobre sus talones y ahora parecía querer atacarle a él.

-Niz... - murmuró Yaren, con las lágrimas luchando por salir de sus ojos-. ¿Por qué?


***

Vorthan no podía haberse ocultado muy lejos de donde se encontraban. El nigromante no había hecho nada por impedir el ataque a su fortaleza; Nizra prefería pensar que se debía a que estaba asustado y se había escondido como un conejo, pero haber entrado con tanta facilidad en la guarida del nigromante no dejaba de causarle recelo. Aquello no podía ser normal.

Yaren y ella habían logrado colarse por los respiraderos abiertos en la roca del desfiladero donde se erigía la fortificación. Medio agachados, habían recorrido los enrevesados pasadizos subterráneos encharcados de barro y moho, aguantando en muchos puntos la respiración a causa del olor a podredumbre, subiendo más y más escaleras, atravesando corredores furtivamente sin que nadie les descubriese.

Finalmente, llegaron hasta la puerta que buscaban. Era pesada, de acero, con goznes de oro. Desde el marco superior, una gárgola con forma de murciélago les vigilaba.

Se apostaron cada uno a un lado de la puerta. Se miraron, y Yaren asintió. Entonces abrieron la puerta de un empujón y saltaron al interior.

El nigromante no parecía demasiado asustado, en verdad. Estaba solo, sentado sobre un trono de huesos. Vestía una armadura negra que no ocultaba su complexión débil, y les miraba con suficiencia. Avanzaron hacia él.

Entonces, Vorthan la miró, y Nizra sintió leves punzadas de dolor en la cabeza, como una presencia que intentaba entrar en su mente. Horrorizada, oyó la risa del nigromante dentro de su cabeza.
"Estúpida mujer... ¿Crees que podréis vencerme con un par de espadas?"
Nizra estudió el cuerpo del nigromante. No creía que pudiese sobrevivir al primer golpe del acero; no obstante, su fama no le venía de su fuerza física, sino de su terrible poder mágico, capaz de convertir a los muertos en meros títeres sin alma a su servicio.

-Atenta, Niz-oyó que decía Yaren a su lado-. Está desarmado, si atacamos con rapidez no tendrá tiempo de usar su brujería.

"Reconozco que eres muy atractiva... Muy atractiva... ¿Por qué sufrir? ¿Por qué no unirte a mí? Yo te convertiría en una reina. Abandona a ese patético hombrecillo que te acompaña y no opongas resistencia..."


Nizra miró de reojo a Yaren. Nunca se lo había dicho, no era su estilo, pero desde hacía un tiempo había comenzado a sentir algo por él, algo distinto a todo lo que había sentido antes. No había dicho nada para no demostrar su debilidad. Ya era bastante malo que les uniese la amistad; un vínculo aún más extrecho no era más que un punto débil que un enemigo experimentado sabría explotar en su contra.


-No dejaré que le mates, asqueroso bastardo- murmuró con odio contenido, y alzando la espada, se adelantó corriendo para descargar toda su ira contra aquel repulsivo cuerpo de piel cetrina.

"¿Matarle, yo?- el nigromante rió de nuevo-. No, querida, no pienso matarle... lo harás tú misma."

De pronto, Nizra sintió una fuerza irresistible que la obligaba a detenerse en mitad de la carrera. Alguien que no era ella controlaba todos los músculos de su cuerpo. Luchó contra ello, pero sus esfuerzos no sirvieron de nada. Lentamente, giró sobre sí misma y se encaró con Yaren.

Vio cómo él también se detenía, confuso.

-¡Niz!- gritó Yaren-. ¡Niz, soy yo! ¿Qué estás haciendo?

Ella intentó gritar a su vez, intentó decirle que no podía detenerse, que huyese, pero aquella fuerza también había sellado sus labios. No, no podía hacerle daño a él, no podía... Y a la vez, sabía que no podría evitarlo. Le había fallado...
-Niz... ¿Por qué? -le oyó murmurar.

Ella seguía luchando por liberarse del hechizo del nigromante. El esfuerzo que estaba haciendo provocó que cayesen lágrimas de frustración de sus ojos. Seguía intentándolo mientras levantaba la espada, y siguió intentándolo mientras echaba a correr hacia Yaren.


***

No podía creer que Niz le hubiese traicionado. No, no podía ser, aquel brujo debía haberle hecho algo...

Horrorizado, vio cómo ella levantaba su espada y echaba a correr hacia él, sin despegar los labios, sin cambiar la expresión. Vio cómo las lágrimas caían rodando por sus mejillas, y no supo qué hacer.
Lo único de lo que fue capaz fue de apartarse de su camino en el último momento. Ella cayó al suelo, desequilibrada por la espada. No era habitual que Niz perdiese el equilibro con la espada, era una luchadora demasiado diestra como para eso, pero se movía de forma extraña, como una marioneta desgarbada a la que controlasen con hilos invisibles.
Torpemente, la mujer se levantó y alzó la espada de nuevo.

***

Tenía que conseguir hablarle... Tenía que recobrar el control de sí misma... No podía hacerle daño, a él no... No podría vivir el resto de su vida sabiendo que era la asesina del único hombre al que había amado...

Nizra luchó con todas sus fuerzas, gritando interiormente, retorciéndose en el rincón más oscuro y pequeño de su mente para liberarse. Buscó una grieta en la voluntad del nigromante, por pequeña que fuese, que le permitiese asomarse al exterior de la prisión en que se había convertido su cuerpo. "Yaren, no dejes que te mate...", suplicó mentalmente.

***

Yaren vio cómo su cara recobraba poco a poco algo de expresión; la mujer parecía estar haciendo un esfuerzo sobrehumano, ya que la expresión de su cara era dolorida y enrojecía por momentos. Estaba llorando. Poco a poco, entreabrió los labios y pareció que iba a decir algo.
-Niz... ¿Me reconoces?- preguntó él, esperanzado-. Soy Yaren, todo saldrá bien...

Finalmente, Nizra consiguió hablar, y la única palabra que dijo consiguió que a Yaren se le helase la sangre en las venas:
-... Mátame...

Después de aquello, la expresión volvió a desaparecer de su cara, y mientras cargaba de nuevo contra él, Yaren supo que la había perdido.


La había perdido... pero al menos cumpliría su último deseo. "Mátame..." aquella única y torturada palabra resonaba dentro de su mente mientras levantaba su espada e iba a su encuentro. El acero entrechocó, amortiguando en parte la cruel risa del nigromante.



3 comentarios:

El Extremeño dijo...

Y luego dices que no te gustan las historias tristes... ¿por qué pones una tan triste? jo... T_T

Muy buena la historia, y pensar que ha salido de una carta, jeje. Aun así muy triste...

Me alegro de que a mi no se me sellaran los labios ;) jeje. Un abrazo, te quiero ^^

Tata Ogg dijo...

JO, pero en la carta era un dragon :( , no habia porque martirizar a la probe parejita.

Una historia supertriste, pero genial. Me encanta.

goblinoide dijo...

Jo, qué queréis, a mí si me ponen delante una foto de un dregón llorando, empatizo ^^U

Por lo de cambiar de personajes, es primero porque se me ocurrió así, y también otra forma de no plagiar a Shálafi cuando publique la historia que tiene por ahí inspirada en la misma carta ;)