domingo, 9 de enero de 2011

Resaca post-navideña

Era el último domingo de las vacaciones de Navidad. Ana se levantó de la cama sintiéndose como cada año: resacosa perdida. Y eso que no había bebido nada de nada.


Las cenas familiares sucesivas le habían dejado el organismo hecho unos zorros. Sabía que había engordado, el espejo y su ropa habitual eran testigos de ello, y se sentía hinchada. Bueno, nada que no se solucionase con algo de dieta. Su pequeña subida de colesterol también merecía una nota de atención, ya estaba cerca del límite superior recomendado. Pese a todo, un par de días de rebajas frenéticas la habían ayudado a insuflarse algo de autoestima, y tenía en el armario algunas cosillas nuevas que estaba deseando estrenar. Podría salir a dar una vuelta, aprovechar el último día de vacaciones…

Miró a su alrededor y suspiró. La casa parecía más vacía que de costumbre, o eso le parecía después de tantos días de gente entrando y saliendo. Tenía que quitar todos los adornos navideños, y en aquel momento no se le ocurría un plan más deprimente que ese. Aunque no había puesto demasiadas cosas, hacer desaparecer el árbol, el espumillón y las estrellas nevadas que su madre había pulverizado con spray y plantillas en cada cristal y espejo de la casa le llevaría su tiempo. Es curiosa la forma en que los mismos adornos que llenan de alegría una casa en cierta época, pocos días después parecen trasnochados y fuera de lugar; le daba la impresión de encontrarse en una película navideña de Tim Burton. En una casa vacía, los adornos casi eran siniestros. Suspiró de nuevo, resignada, y sacó del armario las cajas de embalaje que luego subiría al trastero.

Raspar el spray de nieve de los espejos y limpiarlos después con una bayeta empapada en amoniaco le llevó casi media mañana. Para cuando acabó, estaba resollando, sudorosa y con la cara roja como un tomate. Tuvo que hacer una pausa para lavarse un poco.

Lo siguiente fue el árbol. Se sintió desalmada y casi criminal mientras le quitaba las bolas y las luces y lo desmontaba en varios trozos. Mientras guardaba el árbol, se imaginó que le salían un par de ojos brillantes y húmedos y una vocecita le suplicaba que no le condenase otro año entero a la oscuridad del trastero. Sacudió la cabeza y se preguntó por qué demonios estaba considerando los sentimientos que pudiese tener un árbol de plástico.
Lo embutió como pudo en la misma caja alargada y estrecha de cartón verde que traía cuando lo compraron, años atrás, y añadió un nuevo estrato de cinta aislante para cerrarla. Algún año, la caja llegaría a tener más cinta aislante que cartón.

A la hora de comer ya había terminado. No le apetecía a ponerse a cocinar, y seguramente no hiciera falta: llevaba los últimos días alimentándose de las sobras de las comidas y cenas navideñas. La verdad es que ya le salía por las orejas la lombarda con piñones, los trozos recalentados de pollo relleno, los platos inagotables de jamón serrano y cuatro tipos de quesos y patés, y los dichosos langostinos. Picotearía cualquier cosa.

Abrió la nevera y torció el gesto al observar el contenido: por suerte no quedaba pollo ni lombarda, pero los langostinos seguían allí, por no hablar de los patés y los quesos. Buf.

Al final decidió dejar el salado para la cena: quedaba un solitario trozo de roscón con nata en un platito; se lo tomaría con un café, y tirando millas.
Puso en marcha la cafetera, y diez minutos después estaba sentada a la mesa sujetando entre las manos una taza humeante, y disfrutando del olor a café que inundaba la casa.

Dio por terminadas oficialmente las Navidades cuando al dar el primer mordisco al roscón notó que mordía algo duro, lo que le causó un pequeño chispazo de dolor en los incisivos. Hizo una mueca y se llevó la mano a la boca. Un papel de plástico transparente asomaba entre la nata. Vaya, parecía que la figurita se había quedado en el último trozo de roscón.
Extrajo el paquetito con cuidado, le dio un lametón para quitarle la nata, y le quitó el papel transparente arrugado.

Pues no, no era la figurita: era el haba. La Navidad se había despedido con un corte de mangas.

5 comentarios:

tita hellen dijo...

Las navidades, en ocasiones, son la destrucción por saturación de lo kitsch, lo bello y los escesos en su más alto grado... Y encima estas obligado en cierto modo a sentirte feliz con todo eso. En fin. El haba siempre devuelve a la realidad. Besotes y Feliz año

El Guardián dijo...

Vaya final para una navidad, el haba. Bueno, dicen que de lo malo viene lo bueno.... en verdad me lo he inventado yo, pero que más da xD

Symmetry dijo...

rehitero mi odio por las fiestas navideñas y lo hago patente. Juro que pondre en un Arca negra "Odiamos la navidad" en idioma druchii.

Un saludo!!

River dijo...

Hola

A mí me encanta la Navidad ^^ quitar los adornos... menos, pero por tedioso, en mi casa aún queda el belén XDDD
Ayer por la noche quedamos unos amigos para jugar a poker, sobre las tres de la madrugada sacaron roscón de reyes (tb de nata ^^) y en el último trocito salió el haba... que casualidad n_n

Por cierto, colesterol y pa comer roscón de reyes de nata y cafetito -_-U así, innovando XDDD

Un abrachucho goblin bonita ^^
P.S.: Quiero leer más relatos como este. Me ha encantado, el formato blog-personal-novelado ;)

Goblinoide dijo...

Hellen: Por suerte, raras veces "me siento obligada" a estar contenta en navidades, en esas fechas soy un cascabel ^^ pero sí, hay días en los que todo es tan frenético y empalagoso que te dan ganas de decir aquello de "paren el mundo, que yo me bajo"...
Feliz año a ti también ^^

El Guardián: Sí, ha sido un final de los de ¡tu tum tum pas! xD Y ahora a estudiar para los exámenes, no lo veo yo muy esperanzador el futuro... En fins, esperemos que vaya todo a mejor...

Symmetry: ¿Por qué tanto odio? Son una locura, pero unas semanas de locura al año descargan mucho... (una ración extra de malignidad para los druchii xDDDD ¿qué se celebrará en Naggaroth? ¿la crucifixión a secas?)

River: Me alegro de que te haya gustado ^^ (reitero lo de que en un ratejo leeré y comentaré tu blog con el tiempo que se merece... de hoy no pasa >.<)
Ahí, ahí, ese es el espíritu... Puedes dejar el belén puesto todo el año y en agosto pintarles a todos gafas de sol, y ponerles pelotas de playa y tablas de surf :P
El juego es un maaaal viiicio, hazme caso... salvo que ganes, claro :P entonces iré a felicitarte y pedirte que me invites a alguna cosilla... Unas vacaciones pagadas, un yate pequeñito... esas cosas ^^
Vale, lo mejor para mi colesterol no es el roscón, pero me paso todo el año esperándolo (gaaaaah...) y NADIE me iba a quitar ese trozo :P

Un abrachucho fuerte a todos ^^