martes, 1 de abril de 2008

Espécimen objeto del control rutinario:
Sofía Fierro Caride.
Edad: 29 años.
Altura: 1,72 cm.
Peso: 112,3 Kg.
Especie:
Humana.

Sexo: Hembra.
Fecha y hora: 5 de abril de 2108. 05:14 A.M.
Ubicación: Módulo 46.673.355. Ciudad Prima.
Estado del sujeto: No presenta indicios de comportamiento anómalo. Todas las señales vitales son estables. Movimientos visibles casi nulos, dentro de los parámetros normales. Ondas cerebrales levemente arrítmicas, pero dentro de la normalidad. Medicación en orden. Control concluído. Abandonando módulo para continuar con el protocolo de vigilancia en otros especímenes.

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Sofía se levantaba por lo general a las 3 de la mañana, hora en que comenzaba su jornada de trabajo, que duraría hasta las 9. Desde una consola, dirigía mediante impulsos cerebrales la máquina que debía fabricar en cadena piezas sueltas que luego serían usadas para reparar otras máquinas. Era un trabajo monótono, puesto que sólo debía dar la orden de inicio a la máquina y vigilar que no hubiese ningún error, cosa que hasta la fecha no había ocurrido nunca.

Ahora mismo, sólo pensaba en que en un par de horas más podría desviar su atención del trabajo y ducharse. No se escuchaba un solo ruido; probablemente la mayoría de los humanos de los módulos vecinos estaría durmiendo aún en las cápsulas de estasis.
Aquellas cápsulas eran la última novedad fabricada para el confort humano, y aunque seguían en fase experimental y se decía por los foros de Intranet que varias de ellas estaban defectuosas y sus dueños habían sido encontrados muertos de inanición (por cierto, los habían encontrado las dichosas unidades patrulla de control en su deambuar semanal), el Estado había difundido mensajes tranquilizadores para la población, y las cápsulas estaban siendo líderes en las ventas de menaje aquel año. Sofía agradecía aquellas pocas horas de aislamiento dentro de su cápsula, cuando su cerebro finalmente podía desentenderse de toda la información que le llegaba por los electrodos, y descansar de verdad.


La máquina que Sofía controlaba funcionaba tan bien como siempre, de modo que se permitió apartar un momento la vista de la consola para descansar los ojos.

Hizo girar la silla para mirar a su alrededor. Tampoco había demasiado que ver en su módulo. Era un espacio
de forma cúbica de unos 5x5 metros, con paredes lacadas en blanco, y los únicos muebles aparte de su sillón eran la cápsula de estasis -al fondo a la derecha-, la cabina de ducha, justo al lado, una mesa rectangular de líneas sencillas, también lacada en blanco, y sobre ella, un jarrón de cristal opaco, dentro del cual había dos grandes flores azules similares a margaritas, de materia pseudoorgánica. Eran lo más parecido a flores naturales que se podía encontrar. En la pared opuesta a la puerta se encontraba la consola de mandos frente a la que estaba sentada Sofía.
La puerta, rectangular y de esquinas redondeadas, comunicaba su módulo con el exterior, donde sólo había un largo pasillo, iluminado con luces blancas a nivel del suelo, que hacía requiebros y más requiebros, y a cuyos lados había más módulos, pegados unos a otros.
Por aquel pasillo iban y venían las máquinas de reparto con las compras que se hacían por la Red de redes. Los módulos se extendían hasta donde llegaba la vista, formando una intrincada estructura similar a una colmena.

No había ventanas -puesto que ni el suelo, ni el techo, ni ninguna de las paredes daba al exterior, sino que colindaban con otros módulos o con el pasillo-, sino paneles que se activaban con una mirada al reconocer el iris, y automáticamente mostraban un paisaje según los gustos del humano residente. En aquel momento mostraban un paisaje nocturno estrellado. Y allí se detuvo la mirada de Sofía.
Con otra mirada a un sensor de la pared, activó el aire acondicionado, y disfrutó de la brisa mirando por la falsa ventana. Nunca había visto el cielo real, y por ello mismo no podía echarlo en falta.

La mujer se removió en su asiento, incómoda. Otra vez aquella sensación. Era una sensación que la asaltaba a veces, como si sus músculos, hartos de estar en desuso, se rebelasen contra ella y tironeasen levemente para activarse, instándola a que se levantase y liberase adrenalina de alguna forma. Era como un leve temblor que recorría todo su cuerpo, le creaba una sensación de frustrante impotencia y desaparecía como había llegado. Pero últimamente aquelos momentos se estaban haciendo cada vez más frecuentes. Intentó no darle importancia; no obstante, con una última mirada al monitor, se puso en pie y se dirigió hacia la ducha, esperando que el agua le aclarase la mente.

(Continuará)

2 comentarios:

goblinoide dijo...

Vale, saldrá más largo de lo que yo pensaba, para no aburriros ^^U
Pero el siguiente sí que será el definitivo, espero... Este era más descriptivo que otra cosa.

Madhatter dijo...

Pero mola mazo!!!

Tú escribes mucho mejor que yo, a mi solo me salen los diálogos. Un día probamos a hacer un relato entre las dos, tu te encargas de escribir la historia en sí y yo te hago los diálogos realistas.

Al final acabaré haciendo de guionista en el cine, haber si conseguimos que en el cine español haya conversaciones de verdad, no solo sexo o tetas gratuitas.

Más te vale colgar la tercera parte mañana!!

Muahahahahaha.