domingo, 23 de septiembre de 2007

Sed bienvenidos a la taberna...

Para todos aquellos a los que os gusta la fantasía, y también para aquellos que no habeés descubierto aún su magia... Os invito a hacer un viaje conmigo. Imaginad...


Imaginad que camináis por una calle adoquinada. Es ya de noche, una noche desapacible, y el frío comienza a entumeceros los huesos. Os envolvéis aún más en vuestra capa de viaje. Es evidente que va a llover, por lo que buscáis un lugar donde guareceros. Las calles estan silenciosas, las contraventanas de madera con los cerrojos corridos. Sólo en algunas casas podéis ver la débil luz de una vela entre los tablones de las ventanas cerradas. No son horas para la gente honrada. Pero vosotros no sois gente honrada, lo cual es mucho más divertido.

Comenzais a oir, cada vez más cerca, una música que os atrae. También podéis escuchar conversaciones a mayor o menor volumen, murmullos y risas. Os estais acercando a la taberna. El lugar perfecto para los aventureros como vosotros.
Aceleráis el paso cuando el primer trueno retumba en la noche y una fina lluvia empieza a caer. Llegáis ante la puerta y os deslizáis al interior...


El fuego de la chimenea calienta y da luz a la estancia. De las paredes, cerca del techo, cuelgan varias antorchas que iluminan todos los rincones con su luz amarillenta. Al fondo, un rollizo tabernero limpia las jarras de cerveza con un trapo. Un bardo canta, a quien esté dispuesto a escucharle, las aventuras del heroe popular de turno.
Miráis a vuestro alrededor, buscando una mesa libre. Las mesas son redondas, de madera robusta, aunque la mayoría de ellas presentan arañazos y están astilladas en varios puntos, probablemente por las habituales peleas entre los parroquianos problemáticos y los matones a sueldo, contratados por el tabernero para mantener el orden en la taberna.

Finalmente, elegís una mesa poco iluminada; no queréis llamar demasiado la atención. Una camarera de curvas generosas se acerca a vosotros con una sonrisa para preguntaros qué quereés beber. Os trae una jarra de cerveza que sabe a agua de alcantarilla; pero el calor de la habitación es agradable y perdéis la mirada en el fuego de la chimenea mientras bebéis algún trago de cuando en cuando. Fuera, la lluvia golpea los adoquines de las calles y repiquetea en los cristales de las ventanas. A ratos, retumba un trueno en la lejanía.

Captáis fragmentos de conversaciones de las mesas que os rodean. Planes de robos, negocios cerrándose, amenazas susurradas, comentarios sobre las camareras y risas por doquier. Alguna exclamación ahogada de la camarera a la que un parroquiano ha dado un cachete en salva sea la parte, y el sonido inconfundible de un bofetón femenino inmediatamente después. Tres borrachos cantan a voz en grito en la mesa del fondo con las jarras en la mano. En el piso de arriba resuenan risas de mujeres, y voces de hombres haciendo comentarios que harían ruborizarse al marinero más rudo.
Sonreís para vosotros mismos. Sí, decididamente esta noche lo pasaréis muy bien.


4 comentarios:

goblinoide dijo...

PD/ Se que no hay ni un solo acento, pero el blog no me deja ponerlos ¬¬* (y si, es el blog, ya me he asegurado de que el teclado esta bien configurado ;p)

MoonlitDragon dijo...

Puedo cerrar los ojos y sentir que estoy ahí, oigo el jaleo extendido por toda la posada, el choque de las jarras, el rechinar de las sillas contra el suelo, percibo ese olor a cerveza mustia, y el alboroto generalizado. Pero a pesar de tanta decadencia, no escapa a mis ojos que el ambiente es más bien relajado. Como si fuera un día cualquiera, los clientes beben, conversan, ríen, exclaman, se mofan, cantan, planean, y se mantienen seguros bajo techo. O eso es lo que ellos creen...

Saco mi antigua pipa de un bolsillo de la túnica. Está ya ennegrecida y algo resquebrajada, pero no la cambiaría por ninguna otra. La enciendo y exhalo mi primera bocanada de humo, y justo en ese preciso instante la oscuridad se adueña por completo de la taberna. Sonriendo para mis adentros, escucho como la gente comienza a alarmarse, mientras el tabernero pide tranquilidad y se apresura a intentar encender de nuevo el fuego de la chimenea, ¡qué ingenuo! Sólo tengo que esperar unos minutos más...

Sonido de cristales rotos. Dos ventanas han caído fuertemente, y un intenso e irrespirable humo comienza a tragarse el aire del interior, que tampoco es que fuera precisamente puro. Todos los que allí se encuentran empiezan a toser como locos, mientras yo sigo tranquilamente fumando de mi pipa. En cuestión de segundos...

Claro, qué estúpidos. No te puedes esperar demasiado de un grupo de borrachos. Salen corriendo por la puerta de la entrada, e incluso la escalera que da al piso de arriba está colapsada por gente que baja atropelladamente y tosiendo como si quisieran escupir el alma por la garganta. Todos quieren ir afuera, salir del lugar que les hubiera mantenido a salvo...

Ya es tarde para todos. Se empiezan a escuchar los rugidos y las fauces desgarrando la carne. Me río. Si es que... cuando mi dragón tiene hambre, en días de lluvia, no le viene mal que le eche una mano.

goblinoide dijo...

Moonlitdragon: me descubro ante vos, bella dama ;) gracias por la continuacion, aunque hayais masacrado a todos mis parroquianos xDDD

A todos los demas: os invito a hacer lo mismo si os apetece y os sentis inspirados (continuar la historia, digo, no masacrar a mis parroquianos, aunque lo uno no quita lo otro xD)

MoonlitDragon dijo...

Jaja, perdona... no suelo ser así de sádica, y menos con los parroquianos de otro, pero quizás influyó en algo la fiebre (si es que... los cambios de temperatura...), y que dijiste que no teníamos buenas intenciones... yo las tuve, pero para mi dragón ^^

wiiiii ta luegooo!