Tirando la toalla
Hoy, saco un momento la cabeza de entre los libros para hablar de un asunto que me tiene sinceramente preocupada. No sólo preocupada: cabreada de verdad.No prometo que sea divertido ni entretenido de leer, pero después de todo, este sigue siendo mi blog, y tenéis la ventaja de que no tenéis que quedaros a leerme si el post de hoy os aburre ;)
Al tema.
Este fin de semana han entrado en vigor los recortes (digo, reformas) en Educación de nuestro bienamado gobierno. Alabado sea el Todopoderoso Gobierno Central.
En el BOE podéis ver el resultado de su magnánima sabiduría y buen hacer, pinchando en este link. Y si leer el BOE os resulta un peñazo (que lo es), aquí tenéis un resumen rápido.
Es un magnífico plan de recortes (digo, reformas) que sin duda nos conducirán, en palabras de nuestra querida vicepresidenta Soraya, a una igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos.
Todos y cada uno de nosotros podremos beneficiarnos por igual de una subida del precio de las matrículas para la universidad pública, la posibilidad de no ofrecer más de un bachillerato por instituto, la inigualable oportunidad de conocer mejor a tus compañeros de clase (porque cuando tienes que sentar a dos en la misma silla para que quepan, seguro que terminan conociéndose muy bien). España está entrando estos días en una época dorada para la cultura, la educación y el avance de nuestra sociedad en conjunto.
Cuán rico y fructífero es el futuro que nos espera. Y todo se lo debemos a nuestro Todopoderoso y sabio Gobierno Central, que nos guía a través de las tinieblas de nuestra ceguera liberal, para hacernos conscientes de que podemos ser felices con mucho menos de lo que tenemos: sin estudios, sin casa, sin trabajo, sin dignidad y sin derechos. Y para demostrárnoslo, ellos mismos han decidido inmolarse por todos nosotros, sufrir en sus carnes por multiplicado la infelicidad que conlleva el tener todo eso que nosotros, patéticos ignorantes, creemos que tenemos derecho a tener. Porque a nuestra querida y santísima Madre Iglesia le han mantenido la financiación, y los padres que meten a sus hijos en colegios privados "sufren" las desgravaciones por los demás.
"Bienaventurados los mansos", decían. Pues ya hace tiempo que me he hartado de ser mansa.
Estoy harta de que aquí nada se mueva, y si se mueve sea para peor.
Estoy harta de que los dos grandes partidos se pasen periódicamente el poder como un balón de playa, y nos arrebaten derechos con la excusa de la crisis, alegando que es un cambio temporal, cuando todos sabemos que no lo es, que pretenden hacer recortes y no devolvernos nuestros derechos cuando esto acabe.
Estoy harta de que haya borregos que voten a esta gentuza y mantengan el bipartidismo año tras año.
Estoy harta de que este sea un país envejecido de pensionistas cobardes, que son mayoría y deciden egoístamente con su voto condenar a toda la juventud, porque es muy fácil meter a todos en el saco de los "vándalos" y los "perroflautas", y que cuando molesten y se quejen pacíficamente de que pierden derechos, los antidisturbios les callen a palos.
Estoy harta de que a mí me suban los impuestos y el transporte público "por el bien del país" mientras ellos se suben el sueldo y se niegan a renunciar a sus dietas y transporte privado en primera clase (por el bien del país, debe de ser). Harta de que quienes deben ser un ejemplo de honradez y buen hacer se forren a mi costa, sean imputados por crímenes de malversación y sigan en su cargo, al más puro estilo de una república bananera.
Estoy Harta de que pretendan que olvidemos que el dinero público se lo damos NOSOTROS, mes a mes, para que lo GESTIONEN en NUESTRO beneficio, no para que se lo repartan entre ellos y sus familiares y amiguetes, nombrados a dedo para cargos públicos.

Cuando empecé a estudiar en la Universidad, hace años ya, recuerdo que viví los años más felices de mi vida. La universidad, pese a los palos de los exámenes que todos hemos sufrido alguna vez (profesores cabr*nes siempre ha habido en todas partes, secretarias ineptas también), era un mundo aparte, un faro en mitad de la casposidad que se vivía fuera del campus (a las pruebas me remito: la "princesa del pueblo" es una ordinariez de mujer que tiene el dudoso mérito de haberse acostado con un torero, y lleva forrándose 10 años a costa de ello).
En la Universidad, estaba la vanguardia del conocimiento, una libertad de pensamiento inmensa, un ir y venir de gente de todas partes, la colaboración de unos científicos con otros, trabajando conjuntamente con equipos de universidades de todo el mundo. Investigadores de Ciencias y de Letras, unidos por sus ganas de Saber. Esa palabra tan preciosa.
La Universidad era un lugar donde se buscaba el Conocimiento por el Conocimiento. El Saber, simplemente por Saber Más, no sólo por su valor económico. Bien es cierto que siempre ha ocurrido lo de financiar más fácilmente las investigaciones que se suponían más lucrativas, sí. Pero el ambiente de continuo movimiento, de renovación, de aire fresco, estaba ahí.
En definitiva, tuve el orgullo de formar parte de un lugar que promovía algo bueno: el afán de Saber. La satisfacción de aprender cosas nuevas cada día. La curiosidad de querer saber siempre más, el orgullo de aportar tu granito de arena. La necesidad de no quedarse en casa viendo a Belén Esteban ni jugando a la consola sin más. Las expectativas de conseguir un futuro mejor, unas oportunidades prometedoras, un país más culto y más avanzado.
Era fácil enamorarse de algo así, porque era un tesoro. Puede decirse que la Universidad actuó sobre mí como una droga; los dos años que estuve fuera de ella antes de poder seguir con mi carrera fueron muy grises y descorazonadores en comparación.
Y ahora, la Educación se está convirtiendo en un privilegio. Que no nos engañen, es un derecho que tod@s merecemos. Tod@s. Nuestros padres han estado pagando sus impuestos durante años, para que sus hijos puedan estudiar, quieran los chavales o no. Cuantos más derechos educativos perdemos, más ganas tengo de estudiar duro, de aprender y de seguir formándome, de negarme a aceptar lo que me están imponiendo: que sólo puedan ir a la Universidad los hijos de los ricos. Sólo cuando a los adolescentes les sea vedado del todo el derecho a estudiar, comprenderán el valor de lo que han perdido, cuando decían "yo no quiero estudiar, prefiero trabajar". Sólo espero que para cuando a ellos les llegue el momento de despertar, de llegar a apreciar lo realmente valioso que es el Saber, aún les quede algo de sistema educativo por lo que pelear.
Pero no tengo demasiadas esperanzas al respecto. Creo que me apuntaré a estudiar alemán, y si es posible les regalaré a mis hijos algo que me agradecerán de por vida: nacer en un país donde haya trabajo cualificado para ingenieros y físicos, donde formar un científico sea considerado una inversión y no un gasto, donde los contratos-basura sean ilegales, y donde NADIE le ponga límites a sus ganas de Saber. NADIE. Me niego a condenar a mis hijos a que nazcan en un país inculto, descerebrado, retrógrado, aborregado y semiesclavista.
España, ya no tienes nada que ofrecernos. Sólo paellas, botellones en la playa, sevillanas, toros y el famoseo más bizarro y cañí que existe, y que cobran millones por contar su vida privada, mientras los futuros descubridores de la cura del cáncer se mueren de asco "porque no hay dinero". Yeah. Españoles, españolas, hoy más que nunca, podemos sentirnos orgullosos de pertenecer a este País de la Pandereta.
Mi conclusión de hoy es: Va siendo hora de que vuelvan a circular entre los políticos esos famosos sobrecitos con ántrax... ¿no os parece?
Y por último, mi consejo: NO OS RESIGNÉIS a engrosar las filas de los incultos manejables. Estudiad, aprended, esforzáos, tened curiosidad, porque lo que guardéis en la cabeza será lo único que no os podrán arrebatar por mucho que recorten, y el mayor tesoro que tenemos es el conocimiento. Ha costado generaciones reunirlo, y se ha derramado mucha sangre para lograr que llegue a todos. Apreciadlo y disfrutadlo.
Un abrazo a tod@s.






















