Lo tengo todo muy difuso aún... ¿Realmente he estado allí? Las fotos de mi cámara lo demuestran, pero yo aún sigo sin creérmelo... Tengo los recuerdos girando como un torbellino de imágenes dentro de mi cabeza...
Recuerdo el aire caliente de Luxor, similar a nuestro verano, que en Aswan se convirtió en una atmosfera ardiente y densa, tan densa que el aire casi se podía coger con las manos..., donde cada respiración era un gran esfuerzo, hasta que uno se acostumbraba..., para finalmente llegar al aire más húmedo de El Cairo (con su nube de contaminacion sobre la ciudad).
Recuerdo una noche en el crucero, tumbados los tres en las tumbonas de la cubierta más alta, mirando las estrellas. Y navegando delante del nuestro, había otro crucero del que solo se veían las luces que, como luciérnagas, lo adornaban formando guirnaldas... Las noches navegando por el Nilo eran tranquilas, y la oscuridad era tal que el agua no se veía... Aquella noche el aire era más frío y tuvimos que volver dentro del barco al poco rato, pero yo me habría quedado toda la noche pese al frío...
Recuerdo la tormenta de arena que vimos desde la cubierta, más allá del escudo de palmeras de la margen del río. Recuerdo las palmeras en la orilla, y adentrándose en tierra unos 500 metros, súbitamente el desierto con las montañas al fondo, y más allá... más allá el cielo, un cielo azul pálido sin una sola nube que lo enturbiase...
Recuerdo los camellos que nos llevaron hasta el poblado nubio. Todos parecáan llamarse Alonso ;p. Recuerdo la sensación cuando subí... Miedo al principio, pero luego, cuando miré alrededor, estaba subida a una especie de torre de casi 2 metros de altura, y el resto del paseo (de 20 min) se me hizo corto pese a los vaivenes del animal...
Recuerdo el poblado, las mujeres tapadas con telas hasta que solo eran visibles sus manos y sus caras... Recuerdo a la mujer que nos hizo los tatuajes de henna, el cocodrilo que tenían en un acuario, el té de menta (siempre demasiado caliente), el colegio de los niños... Los niños... Niños nubios de piel oscura y ojos enormes, que se te acercaban a pedir, y se te partía el alma cada vez que tenías que decirles que no... Recuerdo a Mustafá, el niño de unos ocho años y camiseta del Barça que se auto-proclamó mi novio, me cogió del brazo, me ayudó a saltar los obstáculos del camino y me acompañó casi hasta llegar a la faluca que nos llevaría por el río de vuelta hasta el crucero...
Recuerdo al pescador que vimos cerca del barco, en una pequeña barca de remos, mirando el crucero desde lejos... No se que pensaría el de nosotros, pero se me hizo un nudo en la garganta... Por alguna razón, sentí que no deberia estar viajando en un crucero, sino que mi lugar era estar al otro lado, en una barca de remos, fundiéndome con el Nilo y quedandome con sus gentes...
Recuerdo vagamente haber bailado durante 10 minutos con un bailarín nubio una canción que otros 4 tocaban con tambores. Me dijeron que habían sido 10 minutos, pero podrían haber sido horas, porque el baile continuaba, siempre continuaba... Un baile que me costó muchísimo seguir y que al final casi se limitaba a no pisarle ^^U hasta que me dejó descansar y sacó a otra chica... Pero debo decir que aunque los pasos son difíciles de seguir, descubrí que el ritmo es algo que todos llevamos dentro, el cuerpo responde al ritmo sea cual sea nuestra cultura... Es como un impulso más antiguo que nosotros, que nació con nosotros, y que sigue ahí, en algun lugar, esperando que lo rescatemos del olvido. Es algo díficil de explicar.
Recuerdo la visita asfixiante a tres de las tumbas del Valle de los Reyes, recuerdo el templo de Hatshepsut recostado contra la pared de roca que hay detrás, las columnas majestuosas de Karnak con sus inscripciones, el templo de Philae, el de Horus... Fugazmente recuerdo los colosos de Memnon, el viaje en calesa tirada por caballos, los vendedores de los zocos insistiendo para que les comprases a ellos, el hotel Old Cataract, donde Agatha Christie escribio "Poirot en Egipto" (luego convertido en película, llamada "Muerte en el Nilo"), recuerdo el suicidio que suponía intentar cruzar a pie una calle en El Cairo, donde ningún coche lleva freno ^^U... Recuerdo el Museo de Antigüedades, la sala de las momias y, en especial, el rostro de una de ellas... Qué expresión de paz intemporal...
Aviones, calor, arena... las Pirámides... qué sensación cuando vimos recortarse en el cielo a lo lejos las formas triangulares desde el autobús... Que sensación cuando tocamos las piedras de la pirámide de Keops... Esas piedras ya gastadas, maltratadas por la arena, golpeadas por el calor y por la atmósfera humeda... Pero el calor parecía no afectarles, porque estaban frías... Parecía que estuviesen mojadas...
Y la Esfinge... Con sus ojos ciegos mirando al infinito, maltratada también y sin nariz, enclaustrada entre unos muros como un león acorralado, pero aún orgullosa y desafiando al tiempo...
Recuerdo la visita en autobús a la Ciudad de los Muertos por la noche, con los mausoleos habitados por familias egipcias, mausoleos de los que salían antenas parabólicas y en cuyas puertas titilaban pequeñas luces... Sus niños jugando a la pelota y lanzándose contra el autobús, tirándole piedras... Ya nos habían dicho que era peligroso bajarnos del autobús allí, así que seguimos adelante...
Son tantos los recuerdos... Cuando los tenga mas ordenados en la cabeza os escribiré un diario de viaje resumido con las fotos; de momento, que este post sirva de prólogo...
Puedo decir con orgullo que finalmente se confirmó lo que yo ya sospechaba: que, al final, en Egipto lo realmente importante no son sus monumentos...
Egipto no es sólo piedra y arena. Egipto es el niño nubio que me cogió de la mano, la mujer de la henna, nuestro guía Muhammad (Hammad para los amigos), el anciano profesor de la escuela nubia, los vendedores del zoco, el propietario de la calesa, el pescador de la barca en el Nilo, el bailarín que nos sacó a bailar...
Egipto es calor, sí, pero el calor de su pueblo... Egipto es el bullicio de El Cairo, es el té con menta y el humo de la shisha, son los perros que nos encontramos durmiendo a la sombra del Obelisco Inacabado, es el vendedor de Coranes traducidos al castellano. Y no negaré que Egipto también son las pirámides... Y hasta el Tiempo teme a las pirámides... Pero las pirámides las levantaron sus gentes.