martes, 27 de marzo de 2007

Goblin...



La gente a veces me pregunta qué atractivo le veo a ser un goblin. Un bichejo pequeñajo, con las orejas y la nariz desproporcionadamente grandes y picudas, y la piel verde, claro... ^^

Quizá sea porque un goblin puede estar y no estar. Es tan pequeño e insignificante que a nadie le importa, nadie se fija en si está ahí o no... Y mientras tanto, el goblin puede curiosear y observarlo todo a voluntad.

En el fondo, me gusta porque es como yo... Temiendo hacer una incursión declarada en el mundo de la fantasía por miedo a perder a quien amo, que está tan rotundamente arraigado al mundo real... Atrapada entre dos mundos, sintiendo cómo al quedarme a solas conmigo misma, me llama con fuerza ese otro mundo donde el honor y la amistad son los valores más importantes, por encima del maldito Dios Dinero... Así que yo, el goblin, me adentro en ese mundo unos pasos, husmeo oculta tras la espesa vegetación, respiro unas bocanadas de ese aire cargado de magia, y luego, con mis lágrimas luchando por salir a borbotones, me escabullo corriendo de vuelta a la realidad, sin que nadie me haya visto, sin que nadie se entere nunca de cómo lamento el hecho de que, como un Niño Perdido que decidió crecer, no podré ya volver al País de Nunca Jamás...

Sí, soy lo más parecido a un goblin... Temiendo hacer lo que anhelo.